Lenguaje y comunicación

La comunicación en el mundo del toro necesita imperativamente una mirada inclusiva, tanto en su imaginario como en su lenguaje. El lenguaje inclusivo, caracterizado por no diferenciar los papeles del varón y la mujer, es una herramienta fundamental en la incorporación del mainstreaming de género, ya que la escritura es empleada en “todos los proyectos, a todos los niveles, en todas las etapas y por todos los actores involucrados”. El lenguaje además, como canal de comunicación, interfiere en la forma en la que las culturas construyen tanto su autoimagen como su imagen hacia el exterior. No podemos olvidar que muy especialmente el lenguaje construye pensamiento y realidad, por tanto analizar el lenguaje que emplea una cultura como la del toro supone detectar las conexiones simbólicas y las representaciones presentes. Ejemplo de ello es la denominación “señoritas toreras”, empleada tradicionalmente, que tiene una connotación negativa. Esta reflexión simbólica permite conectar el imaginario del mundo taurino con la igualdad de género para contribuir a la transformación tanto de la tauromaquia como de su entorno.

Un uso adecuado del lenguaje es una herramienta pedagógica, porque crea un material formativo en torno al lenguaje inclusivo en particular y la igualdad de género en general. A su vez resulta sensibilizadora porque visibiliza las construcciones de género desigualitarias que pueden seguir operando dentro del mundo taurino, así como los beneficios de la incorporación de la perspectiva de género: impacto político, capacidad comunicativa, transparencia, ajuste a la realidad, etc. Esto es especialmente importante en el mundo del toro, ya que la representación de mujeres que rompan con los estereotipos de género puede ir transformando los imaginarios colectivos en torno a “lo masculino” y “lo femenino”.

Supone además un proceso de empoderamiento, tanto para el mundo del toro frente a la España del siglo XXI como para el papel de la mujer en él. El orden social patriarcal se caracteriza por el dominio del terreno de lo simbólico por parte de los varones, y este control opera a través de dos mecanismos que resultan esenciales: el androcentrismo y el sexismo en el lenguaje. El lenguaje actual de las comunicaciones taurinas revela la discriminación histórica que han sufrido las mujeres, un cambio en él ayudará a la normalización de la mujer en la lidia.

El uso normativo de la lengua ha reproducido y perpetuado la discriminación entre géneros. Por ello resulta fundamental revisar los usos del lenguaje y la configuración de la realidad social que creamos a través de las palabras que empleamos. Se hace necesario, pues, romper con la inercia natural de mantener lo aprendido socialmente y esforzarnos por hacer del lenguaje una herramienta de inclusión y justicia social.

El lenguaje inclusivo y no sexista pretende sacar a la luz la presencia de las identidades no hegemónicas, sus logros, sus experiencias y su forma de estar en el mundo, valiéndose para ello de fórmulas que permiten nombrar y reconocer a todas las personas.

No hemos encontrado ningún texto ni cartel publicitario que use lenguaje inclusivo y una comunicación gráfica que represente a las mujeres. Usar solo la palabra “torero”, en lugar de “toreros y toreras” o “las personas toreras”, refuerza y perpetúa la idea de que sólo los hombres pueden desarrollar esta actividad. Si las jóvenes no se ven representadas en las comunicaciones, difícilmente se sentirán impelidas a adentrarse en el mundo del toro.

Las imágenes usadas en las comunicaciones taurinas, de manera similar, sobrerrepresentan al varón y contribuyen a reforzar los estereotipos de género, no solo en las personas toreras, sino también en las aficionadas y en la sociedad en general. Estudiemos este cartel de San Isidro de 2018:

En él podemos observar un hombre de éxito que parece dictar algo a su secretaria. Esta relación es visiblemente patriarcal, con el hombre en una situación de poder e indiferencia hacia la mujer, que sigue representando los cuidados y la sumisión. De ella, además, solo vemos sus manos y sus piernas, que están altamente sexualizadas a pesar de ser una trabajadora. La imagen se complementa con la palabra “taurino” en masculino. Se trata, pues, de una comunicación con un marcado sesgo de género, que solo apela al varón a abonarse, ahondando la grieta entre aficionados y aficionadas y, siguiendo el hilo, entre matadores y matadoras.

Por ello proponemos usar un lenguaje y una comunicación gráfica inclusivos.

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