Techo de cristal

Según recoge la Estadística de Asuntos Taurinos 2013-2017, solo el 2,6% de las personas que se dedican a la tauromaquia son mujeres. Entre los perfiles más desiguales están las banderilleras y picadoras, con un 0,3% de mujeres frente a un 99,7% de hombres en ambos casos; seguidas de las matadoras, que representan el 0,8% del total. Por el contrario, la profesión que más presencia femenina tiene son las rejoneadoras, con un del 10,8%, una cifra aún muy distante de una situación ideal de paridad.

Las causas a esta enorme desigualdad son varias. En primer lugar la educación, ya que la mujer “durante siglos fue preparada solo y exclusivamente para ser ama de casa”, según sostiene la autora taurina y neoyorquina Muriel Feiner. Este hecho, sin embargo, no ha impedido que otras profesiones anteriormente reservadas a varones tengan en la actualidad un número cada vez mayor de mujeres.

Por otra parte, las toreras han tenido que enfrentarse tradicionalmente a una fuerte oposición de público y crítica, que ha considerado que la mujer nunca alcanzará las cuotas de los matadores varones por su constitución física. Feisner desmiente esta idea, defendiendo que “el toreo es unisex” y que “el valor nunca ha sido patrimonio exclusivo de los hombres”. La torera Cristina Sánchez, por su parte, sostiene que torear “está en la cabeza”, no en la fuerza muscular de quien torea. Y, en cualquier caso, otras profesiones que requieren valor y vigor físico, como las fuerzas y cuerpos de seguridad, ven el número de mujeres que las integran crecer cada día.

También ha existido una fuerte oposición tradicional a la mujer torera por considerar indecorosas las formas femeninas ceñidas en la taleguilla, e inapropiadas otras indumentarias no canónicas como la falda, dejando sin opción a las mujeres que quisieran torear. El escritor y miembro de la RAE José María de Cossío defendía que el rejoneo era la única modalidad femenina admisible, “que no desdice del decoro y el respeto que se debe a la mujer, siempre mal parados en las señoritas toreras de a pie”. El crítico Manuel Domínguez Cúchares, por su parte, argumentaba que el “espectáculo de toreras es intolerable y repugnante, y para el aficionado no cabe nada más ridículo, andrajoso y repulsivo”. Son solo dos de muchos ejemplos. Es sintomático el epitafio de la torera Juanita Cruz (1917-1981), que reza “A pesar del daño que me hicieron los responsables de la mediocridad del toreo en los años cuarenta-cincuenta, ¡brindo por España!”

Por suerte, en la actualidad ya no existen prohibiciones gubernamentales a la lidia femenina, como las que hubo en España de 1908 a 1934 y de 1940 a 1974. El problema viene más bien de la estructura patriarcal presente en la sociedad en general y en la lidia en particular, un techo de cristal que está impidiendo a las mujeres dedicarse a los toros. Para poder romper ese techo tenemos que actuar con políticas que favorezcan que aquellas mujeres interesadas en formar parte de la gran familia taurina no se encuentren con trabas que les desanimen.

He aquí nuestras propuestas en ese ámbito:

  • Implementar mejoras en las escuelas taurinas que permitan un mayor acceso a la mujer: guardería, ayudas para el cuidado de la casa mientras están en la escuela, etc.
  • Establecer escuelas taurinas exclusivamente femeninas, que permitan un espacio donde las mujeres se sientan seguras y no juzgadas.
  • Dotar de ayudas económicas y liberar la matrícula a mujeres que quieran aprender las artes de la lidia.
  • Promover publicitariamente la figura de la mujer torera.